¿Se puede elegir un clásico entre los libros de la entrañable María Elena Walsh? ¿Hay un libro suyo más clásico que otro? Es difícil responder estas preguntas. Pero el escritor Leopoldo Brizuela -recientemente fallecido- que compartía un vínculo de amistad con Walsh, se adentró en el mundo de "Tutú Marambá", el primer poemario infantil de la autora cuyas canciones se fueron heredando de generación en generación y siguen tan vigentes como antes.

Entre los libros argentinos, ninguno más “clasico” que Tutú Marambá (1960), el primer poemario infantil de María Elena Walsh. A más de cincuenta años de su primera edición, sin necesidad de ninguna publicidad, los adultos lo siguen regalando a los chicos simplemente porque ellos mismos lo amaron en la infancia, como lo amaron sus padres y los padres de sus padres. Pero hay algo más. Como liberados del libro y de su autora, muchos de sus versos ya circulan en el pueblo como un patrimonio colectivo. En esta nota te contamos porqué se convirtió en un clásico y conocemos un poco más a la mítica escritora argentina. 

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Nacida en Ramos Mejía, María Elena Walsh era la hija menor de una familia de clase media -y ascendencia inglesa y española- entre los 14 y los 17 años había escrito un primer libro de poemas, Otoño imperdonable, celebrado entre otros por Borges, Neruda y Juan Ramón Jiménez, quien la “becó” invitándola a vivir con él y su esposa en los Estados Unidos. Manejando con maestría las formas de la poesía tradicional española, la Walsh adolescente escribió poemas que van y vienen de la celebración de la amistad con sus compañeras del secundario, al presentimiento de un destino trágico, sin escapatoria. 

A los 18, Walsh partió a París junto con otra poeta, la tucumana Leda Valladares, a quien sólo conocía por carta. A bordo del Reina del Pacífico, antes de atracar en Le Havre, Leda y María formaron un dúo vocal folklórico de éxito inmediato no sólo en escenarios universitarios sino también en locales de varieté, cabarets de la Rive Gauche, el Crazy Horse, templo del streap-tease, y hasta el Olympia, donde ganaron por aclamación un premio para cantar junto a Edith Piaf. Y fue en los camarines de todos esos sitios, cuenta María Elena Walsh, donde empezó a escribir los primeros versos para chicos, un género que seguiría abordando después del regreso del dúo a la Argentina, en 1956, año en que Leda y María radicalizaron su postura estética y se dedicaron a recopilar y difundir casi exclusivamente música tradicional campesina.

Por otro lado, hay varios testimonios de que esos  versos nacidos en París no fueron en realidad los primeros. Una sobrina ocho años menor cuenta que María Elena se los inventaba para ella sola, desde la cuna. Cartas y testimonios de amigos dan cuentan de que cierto tipo de humor y juego comúnmente asociado a los niños, caracterizaba desde siempre su personalidad. E investigando primeras ediciones, uno se encuentra con que incluso Otoño imperdonable, entre tanto poema desgarrado, incluía un soneto muy flojo, dedicado a un elfo o duende inglés, que Walsh decidió que no pasara al futuro pero que prefiguraba a los personajes de Tutú Marambá.

 

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La experiencia de la poesía

A lo largo de más de medio siglo, los críticos han tratado de definir la novedad que Tutú Marambá aportó para siempre a la poesía en lengua hispana. Aunque cada crítico haga un aporte fundamental, todas las hipótesis parecen parciales en un libro cuya característica más notoria es la variedad, como si Walsh hubiera deseado poner en manos de los chicos un compendio del mundo, o más bien, un universo autónomo. Se ha insistido casi exclusivamente en el absurdo, en el sentido del juego, en la prescindencia por lo didáctico. Hay poemas absurdos, es cierto, en la línea de las nursery rhymes inglesas, pero también hay poemas perfectamente serios, como “Calles de París” o el extraordinario “Los amigos”. “La vida canta, el tiempo vuela, / La dicha florece temprano. / Vamos al circo y a la escuela. / Mis amigos me dan la mano”.

Hay poemas cómicos, como “El perro loquito” o los dedicados a Doña Disparate, pero también tristísimos como “La pájara pinta”, a quien un cazador acaba de dejar viuda o este otro inspirado en Hamlet: “La Ratita Ofelia / con su cola fina / amaneció muerta en la piscina. // Qué triste qué sola / flotaba y se iba / con su barriguita para arriba.” Hay poemas “que no sirven para nada”, entre ellos la maravillosa “Canción de títeres” o aquel que dice “Tilín, Tilín / el gato y el violín”. Hay poemas aleccionadores como “La Milonga del hornero” y hasta con moraleja, como “La Pájara pinta”. Más aún: muchos poemas parecen concebidos para ser úpara ayudar a hacer que el niño se levante, coma puré, acceda sin llorar a que lo vacunen y a que por fin se duerma.

En cuanto a las influencias presentes en el libro, todas las corrientes de la cultura porteña del siglo veinte están allí: desde Shakespeare al carnavalito; elementos de la literatura infantil clásica (con brujas encerradas en una burbuja, castillos que se quedaron solos y reyes que se llaman, respectivamente Bombo y Bombilla, pero presentes al fin) y elementos de la actualidad cotidiana: el puré, el cuatrimotor, el hormigón armado, etcétera. Lo que da unidad al libro, su importancia y su vigencia hasta hoy, es algo mucho más radical y que se cifra en su título: Tutú Marambá. El gran don del libro no es una enseñanza sino una experiencia: la experiencia de la poesía, la felicidad de la creación poética.

Quien quiera investigar, descubrirá que Tutú Marambá es un duende del folklore brasilero, una especie de “cuco” protagonista de una canción de cuna: “duérmete mi niño”, promete la madre, “que tu padre matará a Tutú Marambaia” (nada de esto se dice en el libro de Walsh). Aunque no deja de ser interesante que la autora haya puesto su libro bajo la advocación de un duende americano, y no de aquel duende inglés que se le había colado en Otoño imperdonable. “Tutú Marambá”: la boca se frunce como en un beso y se relaja para pronunciar ese nombre exótico, la lengua golpetea para marcar un ritmo que bien puede ser el comienzo de un samba.

Desde el título, el libro anuncia que en sus páginas nada será tan importante como el sonido, el cuerpo de las palabras; ninguna tarea más central que descubrirlas, contemplarlas en su extraña belleza y ponerlas a jugar entre sí, e incluso desarmarlas, como quieren hacer los chicos con sus mejores juguetes. Es cierto que tanto en Tutú Marambá como en sus dos libros siguientes, (El Reino del revés y Zoo Loco), María Elena Walsh brilla por un sentido del absurdo, pero no es un absurdo exclusivamente “de contenido”, es un absurdo que se deja llevar por las sugerencias que hacen las palabras cuando se las libera del peso del significado.

Virtuosa de la retórica de la poesía clásica, María Elena Walsh, por ejemplo, hace que la rima insólita vaya bordando poemas en que un elefante “después de mucha lucha / en lugar de Don Enrique / levantó una cucarucha”, o una canción en que las palabras riman en la anteúltima sílaba, como en uno de los sonetos que preceden al Quijote: “peligroso es / pasear por la ca / la calle del gá / del gato que pes / que pes / que pesca y después…”. En este sentido, habría que ver si, lejos de haber “abandonado la poesía” para dedicarse a “un género que se le parece”, María Elena Walsh no realizó, con Tutú Marambá, la aspiración más alta de las vanguardias poéticas: un poema que, más que describir, relatar o expresar algo, sea un ser vivo más, que dé alegría al mundo y ayude a cambiarlo.

 

 

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Cancionero para chicos y grandes

María Elena Walsh publicó una gran cantidad de libros. El primero de ellos, Otoño imperdonable, es un poemario del año 1947. Gran parte de su producción poética fue recopilada en Poemas y canciones (Algafuara) en el año 2014. Entre sus libros más memorables se encuentran El reino del revés (1964), Dailan Kifki (1966) y Cuentopos de Gulubú (1966), entre otros. Walsh también es reconocida y recordada por su faceta como compositora y cantautora. Aquí seleccionamos algunas de sus canciones*:

Para chicos

Canción de la vacuna

Canción para tomar el té

El Reino del Revés

La calle del gato que pesca

La Pájara Pinta

La vaca estudiosa

La Reina Batata

Manuelita la Tortuga

Marcha de Osías

Twist del Mono Liso

 

Para grandes

Canción de cuna para gobernante

Como la cigarra

El 45

Serenata para la tierra de uno