Con un calor infernal, la oscuridad casi permanente y dos adolescentes góticas obsesionadas con los asesinos seriales estadounidenses, Mariana Enríquez, reciente ganadora del Premio Herralde, construye una historia que también cuenta el verano de 1989 en Argentina. 

La oscuridad, el calor, la muerte y la decadencia recorren Ese verano a oscuras, el libro de Mariana Enríquez. Editado recientemente por Páginas de espuma e ilustrado por la artista española Helia Toledo, narra el verano de 1989 en Argentina, marcado por la crisis energética, la hiperinflación, la bicicleta financiera, la obediencia debida, la “peste rosa” y la desesperanza. Con este libro —y también con la novela Nuestra parte de noche, recientemente editada por Anagrama y por la que ganó el Premio Herralde— la escritora vuelve a apostar a lo terrorífico en la vida cotidiana, a lo siniestro, a lo oculto detrás de la normalidad aparente. 

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En su primer libro, Bajar es lo peor (1995), Enríquez había comenzado a indagar en los intersticios de la cotidianidad en los 90. Allí retrató a la juventud de su época, el alcohol, las drogas, el rock, entre otros temas. Luego, en la novela Cómo desaparecer completamente (2004), que escribió luego de la crisis económica y social que afectó al país en 2001, narró “un paisaje que se va degradando, encarnado en el cuerpo de una familia”, según sus propias palabras. Con el cuento “El aljibe”, en el que una niña visita junto a su familia a una curandera en Corrientes, ingresó de lleno en el mundo del terror, en el que se afianzó con los libros de cuentos Los peligros de fumar en la cama (2009) y Las cosas que perdimos en el fuego (2016) y con la novela corta Chicos que vuelven (2010).El terror y  el miedo  también están presentes en la novela Este es el mar (2017); el libro de crónicas sobre cementerios Alguien camina sobre tu tumba (2014) y en la biografía de la escritora argentina Silvina Ocampo, La hermana menor (2014). 

Las protagonistas de Ese verano a oscuras son dos adolescentes góticas obsesionadas con los asesinos seriales estadounidenses. A partir de la rebeldía y el hastío de las jóvenes, de sus rutinas en un verano en el que se corta la luz "por orden del gobierno" y no hay cines ni música, Enríquez construye una historia con tintes apocalípticos. Atrapante y agobiante, como ese verano del 89 en el que parecía en que no había futuro. 

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