El escritor cubano reflexionó sobre el rol de las bibliotecas en la actualidad; destacó la importancia de la lectura y habló sobre su obra en  la primera jornada del Encuentro de Bibliotecas Populares 2020. 

Desde su casa en La Habana, Cuba, el escritor Leonardo Padura participó de la primera jornada del Encuentro de Bibliotecas Populares 2020. Durante una charla con la presidenta de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares, María del Carmen Bianchi, el cubano habló sobre el rol de las bibliotecas en la actualidad y destacó la importancia de la lectura. También habló sobre su famoso personaje Mario Conde y reflexionó sobre su obra.

Padura además de escritor es periodista, ensayista y guionista. Es reconocido por las novelas policíacas protagonizadas por el detective Mario Conde y por la novela El hombre que amaba a los perros, cuyos protagonistas son el político y teórico revolucionario soviético León Trotsky y su asesino Ramón Mercader.

"Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias", dijo Padura al diario La Tercera

Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor es un personaje muy querido por los lectores de todo el mundo. 

Entre sus obras también se encuentran: Pasado perfecto, Vientos de cuaresma, Máscaras, Paisaje de otoño, Adiós, Hemingway, La neblina del ayer, La cola de la serpiente La transparencia del tiempo. La editorial Tusquets acaba de publicar Como polvo en el viento, una novela en la que traza a la diáspora cubana a partir de un grupo de amigos exiliados que siguen amando la isla. 

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PADURA EN EL ENCUENTRO DE BIBLIOTECAS POPULARES 2020

Sobre su recorrido lector

"A pesar de que mi mamá tenía que llevar una casa con cuatro hombres, (tres hijos y mi papá), por las noches, siempre que podía, leía. Yo la veía leer y decía ‘si mi mamá lee es porque algo interesante debe tener un libro’", contó sobre su primer acercamiento a la lectura, en la infancia. 

"En la casa no había muchos libros y mi madre no era una mujer que hubiera podido tener una educación muy elevada. Su familia estaba en un estado económico muy muy difícil y tuvo que dejar de estudiar cuando llegó al octavo grado, pero tenía una gran curiosidad intelectual que todavía la tiene. Tiene 92 años y se está leyendo Como polvo en el viento", agregó el escritor. 

"Después, de una forma un poco aleatoria, con una biblioteca pequeñísima que dejó un primo que se fue a Estados Unidos, a principios de los 60 tuve contacto con esa literatura que generalmente se lee a los diez u once años: Julio Verne, Salgari, las novelas del corsario negro y de Sandokan; Veinte mil leguas de un viaje submarino. Era todo muy desorganizado y lo hacía sobre todo a partir de los episodios que veía en televisión, buscaba esos libros para poder tener una mayor información de lo que estaba viendo en las aventuras", contó sobre sus primeras lecturas. 

Sobre el primer libro que hizo mella en él dijo: "Una señora que era amiga de la familia, que vivía aquí en el barrio se casó con un señor que tenía libros y ese señor me prestó un libro que fue el primero que me conmovió, que me provocó un estado de excitación tremendo, El conde de Montecristo, de Alejandro Dumas. Yo leí esa novela, esa aventura tremenda, me enamoré de sus personajes y sentí por primera vez ese influjo tremendo que puede tener la literatura en las personas. Fui prisionero en el castillo de If, como el conde de Montecristo gracias a Alejandro Dumas". 

"Es decir, yo tenía un cierto interés en la lectura, pero realmente en lo que más horas de mi vida yo gastaba en esa época, en mi niñez, en mi adolescencia, era en jugar baseball. Quería ser jugador de baseball e incluso pensaba, cuando estaba haciendo los estudios preuniversitarios, estudiar periodismo para ser cronista deportivo, cuando vi que ya no tenía muchas posibilidades de ser bueno como deportista —explicó Padura— Entonces apareció un personaje decisivo en mi formación como lector que fue, nada más y nada menos, que un bibliotecario. Este señor se llamaba Carlos y era el bibliotecario del instituto preuniversitario donde yo estudiaba. La biblioteca del instituto era una biblioteca muy bien montada, tenía condiciones para leer ahí, pero sobre todo tenía una importante cantidad de libros Este señor, Carlos, al que le faltaba una pierna y andaba a veces en silla de ruedas y a veces con muletas, era un bibliotecario muy ladino  Lo manipulaba a uno para convertirlo en lector. Sucede que empezamos a estudiar la Ilíada y había unos folletitos que nos entregaban a los estudiantes con dos o tres cantos de la Ilíada, el primero, el tercero, el quinto. Un día yo estaba en la biblioteca, me estaba leyendo el folletín y me dijo el bibliotecario: ‘¿no quieres saber qué pasa entre estos cantos que estás leyendo?’. Yo le dije ‘bueno ¿qué pasa?’, me cuenta un poco de la Ilíada y me dice ‘Te puedo dar el libro para que lo leas’. Yo lo traje para la casa y me lo leí y cuando se lo voy a devolver me dice ‘¿Quieres saber lo que pasó después?’ y por supuesto me dio la Odisea, después me dio la Eneida, después obras de teatro griego. Era un manipulador, me fue envolviendo. Aparece mencionado en las novelas de Conde como el bibliotecario Carlos ‘el cojo’”.

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La lectura y su formación como escritor

“Cuando entré a la universidad hice las lecturas académicas, pero yo siempre digo que cuando hice la carrera en la Universidad de La Habana, hice dos carreras: la de las lecturas académicas y la de las lecturas necesarias para poder equipararme con la gente que estaba en la universidad. Por supuesto que me leí a los novelistas del boom, a Carpentier, a García Márquez, a Rulfo, a Cortázar. Todo el mundo leía a Cortázar por la Maga, todo el mundo estaba enamorado de la Maga. Fue un momento de gran vocación por la lectura y de grandes aprendizajes porque fue el momento en que me acerqué a toda esta literatura en lengua española que es una de mis fuentes de inspiración y de conocimiento. Yo siempre digo que para escribir bien en la lengua en la que uno escribe tiene que leerse a los que escriben bien en esa lengua”, explicó Padura. 

“El otro gran circuito que ha tenido mucho que ver con mi trabajo fue la novela del siglo XX porque encontré en todos esos escritores de la llamada ‘Generación perdida’, los escritores de la entreguerra norteamericana. Estoy hablando de Hammet, de Chandler, de Hemingway, de Faulkner, de Carson Mc Cullers, de Caldwell. Encontré en ellos una manera de contar una historia. Encontré en los escritores de lengua española, fundamentalmente los latinos, la forma de escribir. En esos escritores norteamericanos la forma de contar. Esas fueron las dos grandes escuelas que nutrieron mi trabajo”, contó el escritor. 

 

El rol de las bibliotecas en la actualidad

“Sin las bibliotecas la historia de la humanidad no se hubiera podido escribir. La biblioteca fue una institución esencial de la historia de la humanidad y creo que lo sigue siendo”, definió Padura sobre el rol de las bibliotecas donde hizo muchas de las investigaciones para sus novelas y para sus libros de ensayos. 

“No creo que el papel de las bibliotecas haya desaparecido, pero hace falta entender que estamos en una era diferente. Cuando Gutenberg inventó la imprenta fue una revolución porque hizo que en vez de cinco ejemplares de un libros se pudieran hacer quinientos. Hizo también que el mundo se fuera alfabetizando. Yo creo que lo digital es otra revolución y hay que asumirlo. El reto de esta revolución es acercar a la gente a la lectura y en eso los bibliotecarios tienen que tener un papel muy inteligente”, dijo el autor de El hombre que amaba a los perros.

 

Sobre su obra 

“La cultura para el escritor es la mejor representación de la patria. La patria tiene toda una serie de elementos simbólicos que la representa, una carga histórica, pero todo eso se resume en una cultura. Yo creo que los argentinos son como son y los cubanos somos como somos porque existe una cultura argentina y una cultura cubana y tienen que ver con todas las relaciones que se establecen entre las personas y de las personas con su realidad”, definió Padura. 

“Mi literatura está hecha por mis obsesiones. Mi obsesión por la libertad del individuo, la obsesión por la pertenencia, por la posibilidad de la utopía, por la justicia  y en contra de la injusticia. Todo eso son los alimentos que van creando al personaje de Mario Conde, la novelas El hereje, El hombre que amaba a los perros y Como polvo en el viento, que son la dramatización de esas obsesiones. Yo creo que todos tenemos nuestras obsesiones, nuestras pertenencias, nuestras fobias, nuestros pensamientos, nuestras opiniones. Un personaje de Como polvo en el viento dice algo muy importante. Dice que todas las razones para irse de Cuba son respetables como todas las razones para quedarse. Hay que entender a cada uno que tome esa decisión. Yo creo que lo más importante es el respeto. Hay que tener respeto por la opinión, por el pensamiento del otro para que el otro nos respete a nosotros. Porque la libertad de cada uno de nosotros es sagrada, pero tiene el límite de la libertad del otro. Creo que eso también es una de las cosas que me ha movido a mí a escribir una indagatoria de la realidad cubana. A mí la palabra crítica social no me gusta demasiado. Creo que más bien lo que hago es entrar en esa realidad y la realidad tiene lados oscuros y lados luminosos”, contó el cubano. 

Para finalizar, agregó: “Yo no soy un hombre de militancia política, nunca lo he sido, pero soy un hombre de militancia civil, un ciudadano. Y como ciudadano que ejerce una profesión que es la de la escritura, participo del debate social y del pensamiento social de mi país y que en un sentido simbólico es mi patria”.

 

El entrañable Mario Conde

“A través del personaje de Mario Conde yo he tratado de hacer una indagación y una suerte de reflejo de la realidad, de la vida cubana contemporánea y de este mundo que vive mi generación, con sus sueños, sus frustraciones, sus esperanzas, sus desencantos. Mario Conde es buen lector. Es un hombre que ama profundamente los libros y cuando deja la policía, escoge el oficio de comprador de libros de segunda mano. Y lo hace muy mal porque tiene un alto sentido ético que hace que los libros que son más valiosos no quiera venderlos, quiere protegerlos porque tiene una relación material y espiritual con los objetos que son los libros y con el contenido de los libros que es muy especial”, contó el escritor. 

“La literatura no solamente es un aprendizaje conceptual. Es un aprendizaje vivo de los contextos, de las personas, de la gente. Una forma de conocer el mundo que vivimos es a través de la literatura”, cerró Padura.